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¿Basta un Mundial para ser ídolo? La lección de Arturo Vidal

Vozinha llega a Colo Colo con fama internacional y cartel de figura, pero un gesto de Arturo Vidal antes del duelo con Everton recordó que la verdadera “chapa de ídolo” no se gana solo dentro de la cancha.

Josimar José Évora Dias todavía ni aterriza en Chile y ya tiene a medio Colo Colo hablando de él como si llevara años defendiendo el arco del Monumental.

El arquero caboverdiano llega con un cartel enorme: figura de Cabo Verde, protagonista del Mundial 2026 y presentado por Aníbal Mosa como el “mejor arquero” del torneo. Pero entre la demora de su viaje, el silencio de varios días y la ansiedad alba, apareció una pregunta que vale oro:

¿Cuándo un jugador pasa de ser figura a convertirse en un verdadero ídolo?

Porque una cosa es llegar con fama. Otra muy distinta es ganarse esa chapa que la gente no entrega por decreto.

La teleserie “Vozinha”

Según las copuchas de este domingo, Josimar José Évora Dias ya viene en vuelo y debería arribar la noche de hoy para realizarse este lunes los exámenes médicos, integrarse a los entrenamientos albos y a su presentación “en sociedad”.

Con eso, al menos, se terminaría la pequeña teleserie de su llegada.

Y sí, Vozinha aterriza con algo que pocos extranjeros traen al fútbol chileno: respaldo internacional, actuaciones recientes de alto nivel y una imagen de humildad que sedujo a muchos hinchas. Pero la historia del fútbol está llena de jugadores que llegaron como estrellas y se fueron sin dejar una huella profunda.

La fama ayuda, pero no alcanza

No hay duda de que Vozinha llega con una chapa importante. Su rendimiento en el Mundial lo puso en la vitrina y generó una expectativa poco habitual para un refuerzo del fútbol chileno.

Sin embargo, la gran pregunta sigue abierta: ¿ese sello resistirá el paso de los partidos, las derrotas, las críticas y la presión de Colo Colo?

Eso no lo define una conferencia de prensa ni un video de bienvenida. Lo define el tiempo.

La lección

Y en medio de esa discusión aparece el ejemplo más cercano que tiene Colo Colo para entender qué significa realmente la famosa “chapa de ídolo”. Arturo Vidal.

Y ojo, no porque juegue todos los partidos como en sus mejores años. De hecho, hay encuentros donde se le ve lento, impreciso o perdido por momentos. Contra Everton, por ejemplo, jugó como las hue…

Pero aun cuando juega mal, su condición de ídolo no se mueve un centímetro.

Tiene detractores, y muy fieros. Pero también tiene algo que pocos futbolistas consiguen mantener durante tantos años: carisma, cercanía y una conexión permanente con la gente.

Lo que la tele no mostró

La verdadera prueba apareció antes del partido, lejos de las cámaras de TV, lejos de la farándula pelotera.

Once niños de una escuela de fútbol esperaban nerviosos para salir a la cancha junto a los jugadores del Cacique. Todos querían ver al “King”. Vidal fue el último en salir. Podría haber seguido de largo, concentrado en el partido, como hacen tantos futbolistas.

Pero se detuvo. Uno por uno, saludó a los niños, les firmó la camiseta y les regaló unos segundos que probablemente no van a olvidar nunca.

Imagínense la emoción de esos cabros de no más de 10 años, viendo que el jugador al que admiran se tomaba el tiempo para mirarlos a los ojos y atenderlos con cariño.

Pequeños gestos

Ahí está la diferencia. No en el sueldo. No en los títulos. Ni siquiera en los goles o las atajadas.

Está en esos pequeños gestos que casi nunca aparecen en la transmisión oficial, pero que los hinchas guardan para siempre.

Cuando una persona ya habita en la cima de la fama y aun así tiene tiempo para una sonrisa, una firma, un abrazo o una palabra amable para un niño, empieza a construir algo mucho más fuerte que una buena campaña deportiva.

Empieza a construir afecto verdadero.

¿Y qué pasa con Vozinha?

Puede llegar como figura mundialista, atajar penales imposibles y transformarse en un tremendo refuerzo para Colo Colo. Pero la chapa de ídolo se construye de otra manera.

Se construye en los momentos que no siempre salen en la portada, en los detalles que no aparecen en las estadísticas y en la forma en que un jugador trata a la gente común cuando nadie está obligado a mirar.

Y en esa materia, al menos por ahora, Arturo Vidal sigue dando una lección que no se aprende en ningún Mundial.

¿Tiene chapa o no?

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