Más de 70 familiares comen, duermen a ratos y miran el teléfono en la Casa Sacerdotal del Buen Pastor, en Toledo. Llegaron buscando a padres, parejas, hermanos e hijos que viajaban en los trenes accidentados cerca de Urda el miércoles 28. Muchos todavía esperan que la Guardia Civil les diga dónde están.
La cuenta no es tan simple como sumar denuncias y compararlas con el número de fallecidos. Una persona reportada como desaparecida puede estar entre las víctimas cuyos cuerpos aún no han sido identificados. Por eso, las denuncias no representan necesariamente a pasajeros que continúen físicamente desaparecidos.
El ADN es el único camino
Buena parte de la espera pasa ahora por un laboratorio. Los familiares entregaron muestras de ADN y documentos que permiten compararlas con los antecedentes obtenidos durante las autopsias. El procedimiento busca evitar un error que, en medio de una tragedia, sería todavía más devastador: notificar una identidad equivocada.
Ese cuidado explica parte de la demora, pero no borra la angustia. Algunas familias recorrieron hospitales, centros de atención y la morgue sin encontrar respuestas. Otras recibieron datos contradictorios sobre registros médicos o posibles ubicaciones de sus seres queridos, según familiares entrevistados por la prensa local.
El apoyo es fundamental
En el Buen Pastor se instalaron equipos de atención de Renfe, Adif e Iryo, además de psicólogos, personal de emergencia y voluntarios. La casa religiosa terminó convertida en refugio, comedor y sala de espera para personas que no saben si aferrarse a una posibilidad o prepararse para la peor noticia.
La Guardia Civil comunicará personalmente las identificaciones. Mientras eso ocurre, las redes sociales siguen llenas de fotografías, nombres, ropa, números de vagón y asientos: cualquier detalle que pueda ayudar a reconstruir el último trayecto de quienes no volvieron a llamar.
Detrás del balance del accidente hay otra emergencia, menos visible y mucho más lenta: convertir restos, denuncias y muestras genéticas en una respuesta cierta. Para quienes esperan en Toledo, cada identificación cierra una búsqueda, aunque abra el duelo.
