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Downing Street tiene rey y duerme de día

Larry frente a la puerta del 10 de Downing Street, en Londres, tras 15 años como el felino más longevo del poder británico/ Foto tomada de La Jornada / Derechos reservados.

En el corazón del poder británico, mientras los gobiernos cambian y las crisis van y vienen, hay alguien que nunca se mueve. Camina lento, duerme mucho y observa todo. Larry acaba de cumplir 15 años de servicio en Downing Street, la residencia oficial del primer ministro, y para muchos es el funcionario más estable del Reino Unido.

Larry, el gato, llegó en 2011, adoptado durante el gobierno de David Cameron, y desde entonces vio pasar a Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y al actual Keir Starmer. Ellos entran, prometen, se van. Larry se queda. Siempre. Sin escándalos y con excelente manejo del silencio.

Tradición viva

El cargo no es nuevo ni caprichoso. Desde los años 20, Downing Street tiene gato oficial y Larry tomó la posta de Humphrey, un ex callejero que llegó solo y nunca más se fue. En Inglaterra cambian las modas, no las costumbres, y un gato vigilando ratones sigue siendo política de Estado.

“Sus índices de aprobación serían altísimos”, dice Philip Howell, académico que estudió la relación entre humanos y animales. Larry representa algo raro en estos días, estabilidad. Además tiene talento mediático. “Siempre aparece cuando llegan líderes mundiales”, cuenta el fotógrafo Justin Ng. No habla, no vota, no da discursos, y aun así se roba todas las fotos.

Cuatro patas

Entre ratones cazados, siestas eternas y paseos frente a la famosa puerta negra, Larry se convirtió en una especie de ancla emocional. En tiempos revueltos, el poder británico sigue teniendo bigotes, cola y una calma que ningún político logra imitar.

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