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El asesinato familiar más frío de la historia: tardaron 18 años en descubrirlo

John List era un viejo ABC1, de esos que van a la iglesia, trabajan de corbata y rayan la papa con el sueño americano. Hasta que un día, en vez de resolver sus problemas con terapia, decidió dispararles.

La fachada del “buen padre”

John List vivía una buena vida, pero esa fachada se estaba desmoronando. Estaba en bancarrota, había perdido la pega y tenía miedo de que su familia terminara en la calle.

Se había criado en una estricta familia luterana, por lo que creía que el fracaso no era una opción y que matar a su familia era mejor que verlos en la miseria. Asesinó a su esposa, a su madre y a sus tres hijos, vació las cuentas bancarias y se hizo humo.

Casi dos décadas después lo pillaron de la forma más insólita posible: en un programa de TV.

Mansiones, pistolas y un papá homicida

Era el 9 de noviembre de 1971 y en la casona victoriana de los List todo parecía normal.

John despertó a sus hijos, les sirvió desayuno y los despidió con un beso en la frente. Luego, sacó dos pistolas, fue a la cocina y le disparó a su esposa Helen por la nuca mientras ella tomaba café. Después subió al tercer piso y le disparó en la cara a su madre Alma.

Limpio, ordenado y con cara de nada, John esperó. Cuando Patricia, su hija mayor, volvió del colegio, la mató igual. Luego lo mismo con Frederick (el hijo del medio). Y más tarde, tras ver a su hijo menor jugar fútbol, lo llevó a casa y le disparó nueve veces. Un tiro no le bastó: había que asegurarse.

Metió los cuerpos en bolsas de dormir, los alineó en el salón principal y rezó. Luego cenó, y durmió mejor que nunca.

El plan macabro

Antes de irse, John puso la radio, bajó el aire acondicionado y mandó cartas a la escuela de los niños diciendo que la familia había salido de viaje. Quemó su cara de todas las fotos y tomó un tren con rumbo desconocido.

Mientras tanto, las luces de la casa seguían encendidas, como si todavía siguieran ahí. Pasó casi un mes antes de que alguien se diera cuenta.

Al final, la tele lo funó

John List desapareció sin dejar rastro. Se reinventó en Denver, se consiguió una nueva esposa y se convirtió en otro hombre.

Hasta que, en 1989, el programa “America’s Most Wanted”, reconstruyó su caso y mostró un retrato de como se vería con los años. Una vecina lo reconoció y llamó a la policía. John cayó tras 18 años de fuga y fue condenado a cadena perpetua.

Así terminó la gran mentira del “buen padre de familia”. Si no fuera por la tele, quizá nunca lo atrapaban.

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