Un verdadero exorcismo fue el que vivió un curita que trataba de bendecir a un Cachupín en la puerta de una iglesia.
Incluso el sacerdote llegó a hablar en lenguas de la emoción.

Un verdadero exorcismo fue el que vivió un curita que trataba de bendecir a un Cachupín en la puerta de una iglesia.
Incluso el sacerdote llegó a hablar en lenguas de la emoción.