Dolly Parton tomó dos historias reales y las convirtió en una de las canciones más famosas de la música country. Una ocurrió después de su matrimonio con Carl Dean; la otra, mucho más inocente, involucró a una niña que conoció después de un concierto.
Poco después de casarse, Dolly notó que una atractiva empleada de banco prestaba demasiada atención a su marido. La cantante incluso bromeaba con Carl por sus frecuentes visitas al banco, porque sospechaba que no iba precisamente por asuntos financieros.
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Pero la mujer no se llamaba Jolene. Ese nombre apareció cuando una niña de unos ocho años se acercó a Dolly después de un concierto para pedirle un autógrafo. Tenía el pelo rojizo, ojos verdes y un nombre que quedó dando vueltas en la cabeza de la cantante.
Jolene.
Los celos de Dolly…
Dolly tomó aquel nombre y la imagen de la niña, los mezcló con sus propios celos y creó una historia en la que una mujer le ruega a otra que no le quite al hombre que ama.
La canción fue publicada en 1973 y terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de Parton. Y lo más curioso es que Jolene nunca existió como la mujer que describe la canción. Dolly y Carl Dean permanecieron juntos durante casi seis décadas.
Al final, aquella supuesta rival terminó haciendo un gran favor a Dolly: le dio la inspiración para escribir una canción que el mundo todavía sigue cantando.
