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Le donó un riñón a su suegra, no le dio ni las gracias y la pololi lo cambió por otro

Ni las gracias le dieron al caritativo y romántico galán…

Esta historia tiene de todo: amor, drama, traición y un riñón de por medio. Harold Martínez, un joven enamorado, decidió hacer la gran jugada romántica del siglo: donar uno de sus riñones… ¡a su suegra! Sí, leyó bien. El muchacho quiso quedar como un príncipe y, de paso, fortalecer su relación con la novia. ¿El resultado? Un trasplante exitoso, pero con un giro más feo que encontrarte a tu ex con tu mejor amigo.

Después de la operación, en vez de recibir aplausos, abrazos y, al menos, una sopita de agradecimiento, Harold fue despachado con todo y corazón roto. Su novia lo dejó por otro, y la familia, que debería haberlo adoptado como un héroe, le cerró la puerta como si fuera cobrador de televentas.

Ni lo saluda la suegri

Resultado: Harold quedó con un riñón menos, una ex más y una suegra que ya ni lo saluda.

En redes sociales, la historia se volvió viral. Algunos lo llaman mártir del amor moderno; otros, directamente, lo ven como víctima de una familia con más hielo que el Polo Norte. Un comentario lo resumió todo: “Eso pasa cuando das todo por alguien que no daría ni el Wi-Fi por ti”.

Más allá del humor (porque si no nos reímos, lloramos), la historia de Harold nos recuerda que hay gente que da sin esperar nada… y aún así recibe menos que nada. Harold no quedó para náda tranquilo, porque perdió una novia… y un riñón sanito, sanito. ¡Y una suegra mala leche!

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