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¡Visitó el cielo… y también el infierno, pero con boleto de vuelta!

Cuando Charlotte Holmes, una señora gringa de 69 años, fue al hospital a hacerse un chequeo del corazón, jamás imaginó que terminaría “cruzando al otro lado”… literalmente. En 2019, mientras estaba en el Cox South Hospital de Springfield, su presión se disparó como cohete y pum: paro cardíaco. Médicos corriendo, alarmas sonando y más de 10 minutos tratando de revivirla. Y en medio de todo eso, Charlotte dice que viajó.

Sí, así como suena. Según contó a The 700 Club, durante esos 11 minutos que estuvo clínicamente muerta, tuvo una experiencia que le cambió la vida. “Vi mi cuerpo desde arriba, sentí olores maravillosos, escuché música celestial. Sabía que estaba en el Cielo”, afirmó, como si describiera un paseo por el paraíso… con banda sonora incluida.

Flores, ángeles… y música en estéreo celestial

Charlotte no escatimó en detalles: árboles que bailaban al ritmo de la música, césped con flow divino, y ángeles en modo anfitrión. Todo perfecto, todo luz, todo amor. “Es una alegría pura, no hay miedo. Es como volver a casa”, relató. Para ella, el Cielo es un lugar que supera cualquier postal de vacaciones o retiro espiritual.

Pero ojo, no todo fue dulzura y violines. También, según dice, tuvo una parada técnica en el lado oscuro del tour…

Infierno express: el lado B del viaje

Y aquí se pone denso. Charlotte afirma que, en un momento, Dios mismo le mostró el infierno. Sí, tipo excursión guiada. “Era carne podrida, gritos, oscuridad total. El contraste con el Cielo fue brutal, casi insoportable”, relató con un nudo en la garganta. No es la típica historia de luz al final del túnel, es más bien un combo de realidades.

Ahora, si estás pensando “¡esto suena muy loco!”, no sos el único. Desde la ciencia, también intentan explicarlo con datos duros. Nada de ángeles ni fuegos eternos, sino pura química cerebral.

¿Milagro o efecto dopamina? La ciencia mete la cuchar

Jimo Borjigin, neurocientífica de peso, investigó el cerebro de ratones justo en el momento de morir (sí, fuerte). ¿Qué encontró? Una fiesta de neurotransmisores. Dopamina, serotonina, noradrenalina… todo se dispara cuando el corazón deja de latir. Como si el cerebro tuviera su última rave antes de apagarse.

“Los niveles de estas sustancias aumentan 40, 60 veces más que en la vida”, explicó Borjigin a la BBC. Y eso podría explicar por qué tantas personas sienten paz, ven luces o tienen “visiones” cuando están al borde de la muerte. ¿Es el alma viajando o el cerebro en modo “último show”?

Charlotte sigue convencida de que lo que vio fue real. Los científicos dicen que probablemente fue un efecto cerebral. Pero una cosa es segura: 11 minutos pueden cambiarlo todo… incluso si técnicamente estás muerto.

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