Durante años, pensar en el invierno santiaguino era pensar también en la capa gris que se instalaba sobre la ciudad y escondía hasta la cordillera.
Este invierno, sin embargo, pasó algo distinto: la Región Metropolitana cerró 2026 con su tercer mejor resultado histórico en calidad del aire desde que comenzó a funcionar el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica.
Y hay un dato que ayuda a dimensionar el cambio: en la última década, la exposición de la población a niveles altos de material particulado fino, MP2,5, disminuyó un 69% durante el período de peores condiciones de ventilación.
282 horas en episodios críticos
Entre el 1 de mayo y el 31 de agosto, la Gestión de Episodios Críticos registró 21 episodios por MP2,5: tres preemergencias y 18 alertas ambientales. En total, fueron 282 horas bajo esas categorías.
Eso no significa que Santiago haya dejado de tener contaminación ni que durante todo el invierno se haya respirado aire limpio. Significa algo más acotado: hubo menos tiempo en que la contaminación llegó a los niveles que obligan a activar las medidas más exigentes.
No fue una sola cosa
La explicación tiene más de un componente. El Ministerio del Medio Ambiente atribuye el resultado tanto a las medidas del plan y al trabajo de fiscalización como a las condiciones meteorológicas que se dieron durante parte del invierno.
Y aquí hay una diferencia importante. Mayo y junio fueron muy secos, con déficits de precipitación de 90% y 99% respecto de un año normal. En julio, en cambio, las lluvias superaron en 210% el promedio y agosto tuvo condiciones cercanas a las normales.
En otras palabras, el tiempo ayudó, especialmente durante julio y agosto, pero la mejora de largo plazo no puede explicarse solamente por un invierno favorable.
La leña sigue bajo la lupa
Uno de los focos de fiscalización está en el uso residencial de leña. La Seremi de Salud RM realizó 566 fiscalizaciones a viviendas y abrió 44 sumarios sanitarios durante la temporada.
Además, los patrullajes preventivos aumentaron 16% respecto de 2025, hasta llegar a 547. Buin y Lampa concentraron 21 de los 44 sumarios, equivalentes al 47,7% del total regional.
Eso permite ver que la descontaminación no depende solamente de grandes decisiones nacionales: también pasa por fiscalizar lo que ocurre en las casas y barrios donde todavía se usan calefactores que emiten material particulado.
Los vehículos también
Durante la Gestión de Episodios Críticos se cursaron más de 135 mil citaciones automatizadas por restricción vehicular y otras 626 en controles en terreno.
La cifra fue algo menor que la de 2025 y bastante menor que la de 2024. Es otro componente del esfuerzo por reducir las emisiones en una ciudad donde el transporte sigue siendo una de las fuentes relevantes de contaminación.
¿Y las industrias?
La Superintendencia del Medio Ambiente informó que los grandes establecimientos regulados cumplieron su meta anual asociada al plan para 2025. El universo informado comprende 55 titulares y 75 establecimientos que, en conjunto, reúnen 832 fuentes estacionarias.
Ese dato no permite decir que la industria sea la explicación de la mejora de 2026. Sí muestra, en cambio, que existe un sistema de control sobre una parte importante de las fuentes emisoras.
Entonces, ¿Santiago ya resolvió el problema?
No.
La capital sigue teniendo una condición geográfica que dificulta la dispersión de contaminantes, y todavía hay fuentes de emisión que deben seguir bajo control. Un buen año no cambia por sí solo esa realidad.
Lo que sí está cambiando es la frecuencia con que Santiago llega a los niveles más críticos de contaminación.

La verdadera prueba viene ahora
El próximo invierno permitirá ver cuánto de este resultado se mantiene cuando las condiciones meteorológicas sean menos favorables.
Si la tendencia continúa incluso con menos lluvia o peor ventilación, será una señal más fuerte de que las medidas acumuladas durante décadas están produciendo un cambio estable.
Por ahora, el dato ya permite contar una historia distinta a la del Santiago cubierto por smog de hace años: la ciudad todavía tiene un problema, pero ya no está viviendo el mismo invierno de hace una década.
(Santiago y la cordillera de los Andes. Imagen referencial. Foto: Mauricio Farias/Unsplash.)
Fuentes consultadas: Ministerio del Medio Ambiente y Aire Región Metropolitana; Seremi de Salud RM; Superintendencia del Medio Ambiente.