Más de alguna vez usted escuchó el canto del chincol preguntando si “ha visto al tío Agustín“, un clásico urbano de todo Chile y Latinoamérica. Cada chincol tiene una pequeña diferencia según el área que habita, más o menos rayitas en su cabeza y cantos más largos o breves.
El canto en las aves cumple muchas funciones importantes como alertar de peligros, marcar territorio, establecer contacto, buscar y cortejar a las parejas, pero ¿qué pasa si hay demasiado ruido?
El canto de la seducción
Lo primero que necesitamos para poder pololear es saber que existe una posible pareja, y los pájaros eso lo hacen a través del canto.
Las ciudades cada vez tienen decibeles más altos de ruido, la contaminación acústica, que es la menos famosa entre sus parientes del aire y del agua. El problema es que con el ruido, los pajaritos no se escuchan. Parecen miembros de partidos políticos, por lo sordos…
Hace una década que los investigadores de aves alrededor del mundo se dedican a analizar el efecto del ruido en los pájaros y resulta que los chincoles, que son harto pillos, afortunadamente, se pegaron el alcachofazo que tenían que cantar más fuerte y un par de tonos más altos para anunciar su disponibilidad en el mercado chincolero.
Cantores nocturnos
Los estudiosos también descubrieron que, en algunos lugares, los pájaros atinaron que en la noche hay menos ruido, por lo que empiezan a cantar aún oscuro. Está bueno saber esto, ya que hay varios mitos urbanos que dicen que cuando algunos pajarillos cantan de noche, es mala suerte…
Lo bonito y lo importante es que los chincolitos se adaptaron, por ahora, y podremos seguir escuchando el llamado al tío Agustín.
La pregunta que queda es si todas las especies serán capaces de soportar la presión que ponemos cada día sobre sus territorios.
