Un estudio de la Universidad de Stanford acaba de soltar la mansa papita: la vida en la Tierra podría haber empezado con mini destellos eléctricos entre gotitas de agua. No fue un rayo divino, sino miles de microrrelámpagos entre gotas de agua de cascadas y olas chocando.
El cahuín científico
Hasta ahora, los cerebritos de la ciencia no tenían muy claro cómo se armaron las moléculas básicas de la vida a partir de gases simples. Se sabía que la electricidad podía hacer magia con el agua y los gases, pero se creía que venía de rayos, lo que no convencía a muchos.
Pero ahora, Richard Zare y su team de Stanford descubrieron que las gotas de agua, cuando se pulverizan, pueden generar sus propias cargas eléctricas y hacer la pega solitas. Básicamente, es como si el agua misma se hubiera motivado a prender la chispa de la vida.
El nuevo origen de la vida
Los científicos probaron su teoría rociando agua en una mezcla de metano, dióxido de carbono, amoníaco y nitrógeno gaseoso. Con esto, se formaron moléculas orgánicas sin necesidad de enchufar nada.
El truco está en que las gotitas más chicas quedan con carga negativa y las más grandes con carga positiva. Cuando se acercan demasiado, ¡paf! Pequeños relámpagos saltan entre ellas, generando la química necesaria para los primeros compuestos de la vida.
Esto explicaría cómo se gestaron las primeras moléculas en la Tierra sin necesidad de rayos brígidos cayendo en el mar.
¿Y esto qué onda para el futuro?
Más allá de darnos vuelta la cabeza con el origen de la vida, este descubrimiento también podría servir para buscar señales de vida en otros planetas.
Según los científicos, tal vez deberíamos estar atentos a lugares donde gotitas de agua choquen entre sí, en lugar de esperar tormentas eléctricas interestelares.
Así que ya sabes: la próxima vez que veas una cascada o una ola reventando en la orilla, quizás estés presenciando el mismo proceso que nos trajo hasta acá. ¡Brígido!
