Karin Saavedra Redlich, profe de la Universidad de Talca, hizo historia convirtiéndose en la primera ingeniera aeroespacial del país. Desde los paisajes sureños de Chiloé hasta la frontera de la innovación espacial, su trayectoria es un charchazo para quienes creen que existen “carreras para hombres”.
Llegó a la ingeniería de pura chiripa
Criada en Chiloé y Puerto Montt, Karin no creció soñando con cohetes ni naves espaciales. De hecho, su interés llegó casi de una casualidad, revisando opciones universitarias.
Pero su amor por las matemáticas y su manía de desarmar y arreglar cosas la llevaron a la UdeC, donde tomó la mejor decisión de su vida.
“En esos momentos no habían universidades en Chiloé, así que con mis compañeros soñábamos con que queríamos estudiar”, cuenta Karin.
En tierra de hombres
Si bien la ingeniería sigue siendo un mundo mayormente masculinizado, Karin no dejó que eso la frenara. “No fue una dificultad muy visible”, dice destacando a sus profes y mentores que la ayudaron a encontrar su camino.
Ahora, con su título en la mano y años de experiencia, quiere que más mujeres se sumen al mundo STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés).
“No es difícil ser la primera, pero si evitar ser la última”
Más que romper techos de cristal, Karin quiere derribarlos. Por eso, trabaja en iniciáticas como Ingenieras para el mundo, programa de la Universidad de Talca que impulsa la participación femenina en la ingeniería.
“El miedo al fracaso es lo que más nos detiene, pero hay que atreverse. No es solo soñar, hay que esforzarse”, dice convencida.
Con el boom de los drones, satélites y aviones, la ingeniería aeroespacial en Chile tiene un futuro gigante. Y gracias a Karin, muchas niñas que miran el cielo ahora saben que pueden llegar hasta las estrellas.
