Chimpancés se contagian de los bostezos… ¡de un robot!

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Sí, no leíste mal. Resulta que un grupo de chimpancés se puso a bostezar en cadena porque un androide les hizo una mueca bien conocida: el bostezo. Lo curioso es que este robot ni respira ni necesita siesta, pero igual logró poner somnolientos a los peludos.

Los científicos de la Universidad de Londres City St George’s (¡vaya nombre largo!) se armaron un experimento digno de una serie de ciencia ficción: pusieron a un androide a bostezar frente a un grupo de chimpancés y, para sorpresa de todos… ¡los monos cayeron rendidos!

“Modo flojera: activado”

Este robot no es cualquier cabezón de metal. Fue diseñado para imitar expresiones humanas, y durante el estudio, soltó bostezos de 10 segundos cada uno. Eso fue suficiente para que los chimpancés comenzaran a bostezar, a estirarse y, en algunos casos, hasta a echarse como si ya fuera hora de Netflix y hamaca.

En total, fueron catorce chimpancés los que participaron, de entre 10 y 33 años (que en años mono son básicamente desde adolescentes hasta boomers). Y todos ellos cayeron en la trampa del bostezo robotizado. ¿Coincidencia? ¡No lo creo!

Cuando el robot bosteza… los monos se rinden

Según los cerebritos detrás del estudio —el investigador Ramiro Joly-Mascheroni, la profe Beatriz Calvo-Merino y su equipo— esta es la primera vez que se demuestra que un bostezo puede ser contagioso incluso si viene de algo que ni respira, ni come, ni se queja del lunes.

Y ojo, que esto no es solo un dato curioso. Al parecer, el bostezo sirve para algo más que espantar el aburrimiento. Los investigadores creen que podría ser una señal social para descansar en grupo. Básicamente, un “oye, vamos todos a echarnos un rato” sin necesidad de palabras.

La ciencia también bosteza (pero con estilo)

Lo más loco de todo esto es que los bostezos contagiosos no son exclusivos de los humanos. Ya se han visto en perros, elefantes, peces y ahora… ¡en chimpancés robóticos! Bueno, ellos siguen siendo chimpancés de verdad, pero los bostezos vienen del lado mecánico de la fuerza.

Así que la próxima vez que te atrape un bostezo en clase, en el trabajo o en una videollamada, no te culpes tanto. Si hasta los chimpancés caen en la trampa de un robot somnoliento, tú también puedes darte el lujo de una cabeceada disimulada.

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