En la base sudafricana Sanae IV, en la Antártica, un grupo de científicos denunció que uno de sus compañeros los agredió físicamente, los amenazó de muerte y hasta habría atacado sexualmente a uno de ellos. La guinda de la torta es que están completamente aislados por diez meses, sin forma de salir o pedir auxilio.
Peor que metro en hora punta
Los nueve científicos viven en contenedores naranjos en medio de la nada, con temperaturas de -23°C y vientos que los pueden hacer volar como volantín. Para colmo, no pueden salir ni para despejar la cabeza, porque la Antártica no perdona.
“Tenemos miedo”
La semana pasada, uno de los científicos envió un correo a las autoridades sudafricanas revelando el infierno que están viviendo. “Nos amenazó de muerte, nos agredió y no sabemos quién será el próximo“, decía el mensaje filtrado.
Las autoridades investigaron y confirmaron que el problema comenzó con palabrazos entre el acusado y el líder del grupo, pero después se fue a los combos. Y lo peor es que no hay forma de sacarlo de ahí hasta que el clima lo permita.
Un “reality” pero sin premios
Expertos dicen que vivir en la Antártica es como estar en el espacio: soledad, encierro y nadie para salvarte si la cosa se pone fea. En 2017, en otra base, un científico casi le reventó la cabeza a su colega con un sartén. Y hay más historias dignas de película de terror.
El explorador Alan Chambers explicó que la mente juega malas pasadas en esos lugares. “Todo es blanco, sin ruido, sin colores, sin nada. Todo se magnifica y lo más mínimo puede explotar“. O sea, peor que un grupo de WhatsApp familiar cuando se ponen en juego los terrenos de la abuela.
Ahora queda solo aguantar
Por ahora, Sudáfrica intenta coordinar con Noruega y Alemania, cuyas bases están “cerca” (a 320 km, un paradero nomás), para ver si pueden hacer algo. Mientras tanto, los científicos tendrán que seguir conviviendo con su agresor. Si esto no es material para una serie de Netflix, no sabemos qué lo es.
