Cicletos cerro abajo: Técnica, cabeza y cultura bike

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El “downhill” o cuesta abajo, no se elige desde la comodidad. Se entra por curiosidad, por amigos o por esa atracción difícil de explicar que genera la velocidad. Así comenzó Miroslav Andreucic, cleto… o rider -como se llaman en inglés-, nacional que hoy vive el descenso como una forma de entender la bicicleta y el cerro.

“No sabía mucho, me caía harto, pero lo pasaba increíble”, recuerda sobre sus primeras bajadas, hechas con una bicicleta sencilla y más entusiasmo que técnica. En el downhill, ese inicio improvisado no es una excepción, es parte del proceso. La disciplina se construye desde el error, desde la caída y desde aprender a medir riesgos sin perder la motivación.

Con los años, la experiencia va afinando la mirada. Andreucic insiste en que este no es un deporte de impulsos rápidos. “Se aprende paso a paso. Es fácil emocionarse, ver videos y querer hacer lo mismo, pero sin experiencia puede ser peligroso”, advierte.

Hoy, su entrenamiento es tan variado como exigente. Andreucic practica regularmente en bike parks establecidos como Cerro El Durazno y Las Palmas Bike Park, espacios especialmente diseñados para el descenso, con circuitos técnicos y acceso controlado mediante ticket.

En verano, el escenario cambia. Junto a amigos, el cleto pedalea al sur, para bajar el Nevados de Chillán, donde la montaña y la velocidad se mezclan en un entorno completamente distinto.

Las caídas se asumen como parte del aprendizaje. Andreucic recuerda una en particular. Bici nueva, pista recién modificada y exceso de confianza. El resultado, un golpe fuerte y un casco quebrado. “Ahí uno aprende”, dice, reforzando la de idea que en el deporte sin protección, no hay margen.

No se negocia cerro abajo

Casco, guantes, antiparras y rodilleras no son accesorios. Son la base. “Veo gente andar sin casco incluso en la calle, y eso puede ser más peligroso que el cerro”, reflexiona Andreucic. En el descenso, la protección define si una caída queda en anécdota o se transforma en lesión.

Para quienes buscan adrenalina sin ticket, el cleto menciona rutas clásicas como el Cerro San Cristóbal y El Panul, espacios frecuentados por ciclistas donde la libertad es mayor, pero también la responsabilidad.

Medirse, conocer el terreno y respetar los propios límites sigue siendo clave.

“La bici también se entrena”, insiste. “Muchos accidentes, explica, no tienen que ver con la técnica, sino con la falta de mantención. Frenos mal ajustados, cadenas gastadas o revisiones omitidas pueden cambiar completamente una bajada”.

Ese mismo espíritu se vivie el domingo 15 con el Red Bull Valparaíso Cerro Abajo, considerado el descenso urbano más extremo del mundo. En Valparaíso, escaleras, pasajes estrechos y pendientes históricas volverán a ser escenario de una competencia que mezcla deporte, identidad local y adrenalina.

Entrada liberada, bicicletas al límite y una certeza compartida entre riders y espectadores. En el downhill no se trata solo de bajar rápido, sino de saber cómo y hasta dónde hacerlo.

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