Colombia pone freno a los “hipopótamos narcos”

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El gobierno de Colombia activó un plan de esterilización y sacrificio de hasta 80 ejemplares de hipopótamos, cuya población podría alcazar a los 500 las vías fluviales, antes de 2030.

Es la herencia que le dejó al país Pablo Escobar, narcotraficante y líder del Cartel de Medellín que en los años 80 importó a varios de estos animales para su zoológico privado, y que ahora más de 200 viven en la cuenca del río Magdalena.

El Gobierno activó un plan de esterilización y sacrificio de hasta 80 ejemplares para contener una población que podría rozar los 500 antes de 2030.

Capricho caro

En plena cúspide de poder, Escobar trajo cuatro hipopótamos como símbolo de exceso. Un lujo que quedó suelto tras su muerte en 1993. Nadie los movió, nadie los controló. El Magdalena hizo el resto, agua suficiente, clima favorable y un territorio sin amenazas reales.

Con los años, dejaron de ser rareza y pasaron a ocupar espacio. Hoy se mueven por amplias zonas, alteran cursos de agua y desplazan fauna nativa. Su tamaño, su peso y su comportamiento territorial cambiaron la dinámica de ecosistemas completos.

Puerta cerrada

Las opciones de sacarlos del país se diluyeron. La endogamia detectada en la población encendió alertas sanitarias afuera, y varios destinos descartaron recibirlos. El manejo local tampoco es simple, cada intervención implica cerca de 10 mil dólares en esterilización y hasta 14 mil en sacrificio, además de riesgos técnicos en terreno.

Punto crítico

El plan ya está en marcha. Control reproductivo por un lado, eutanasia por otro. La medida busca frenar la expansión antes de que el escenario escale. En paralelo, comunidades del Magdalena conviven cada vez más cerca de estos animales, en un equilibrio que se vuelve frágil.

Lo que partió como un gesto de poder terminó convertido en un problema persistente. Y en el río, entre barro y agua quieta, esa historia sigue creciendo.

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