¡Con las manos en la silicona! Se inventó un cáncer para tunearse

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Laura McPherson, una británica de 35 años, se mandó la estafa del siglo: le hizo creer a su pareja durante CINCO años que tenía cáncer terminal para sacarle plata y hacerse cirugías estéticas. La historia explotó en los medios británicos y terminó con la mujer enfrentando a la justicia en Reino Unido.

El show del cáncer que nunca fue

McPherson le vendió a su pololo, Jon Leonard, el cuento de que tenía cáncer en todos lados: mamas, colon, ovarios y hasta en el cuello uterino. Con esa historia le sacó miles de dólares, supuestamente para tratamientos.

Para hacer la mentira más creíble, la mujer incluso falsificó fotos donde aparecía recibiendo quimioterapia. Pero eso no es todo: la cosa llegó tan lejos que hasta su propia hija de 12 años creyó que su mamá estaba a punto de estirar la pata.

La realidad era más simple y cara de raja: la plata iba derechito a una terapia para bajar de peso y a una cirugía de aumento de busto. O sea, en vez de estar en quimio, estaba en el bisturí.

La pillaron con las manos en la silicona

El engaño empezó a caerse en 2021, cuando Leonard dejó a McPherson en un hospital para un supuesto tratamiento. Pero el hombre se llevó la sorpresita de su vida cuando cachó que, en vez de quedarse, la mujer tomó un taxi y desapareció del lugar.

Con la mosca detrás de la oreja, el tipo llamó a la clínica donde su pareja supuestamente se haría una mastectomía. Y ahí quedó la mansaca’: en realidad, se había puesto pechugas nuevas.

No contenta con eso, antes había hecho otro tour de belleza, diciendo que iba a Austria a hacerse una histerectomía, cuando en verdad andaba en una terapia de “bienestar holístico” y adelgazamiento.

En total, la mujer recaudó más de 32 mil dólares (más de 30 palitos chilenos) con su show del cáncer.

El castigo que le cayó a la pastelita

Cuando todo salió a la luz, la justicia británica no se la dejó pasar. En la audiencia, el juez Jonathan Straw la describió como “mentirosa, malvada y astuta”, lo que es una manera elegante de decirle care raja.

Pero el castigo no fue tan terrible como su fraude: la condenaron a dos años de orden comunitaria, 30 días de libertad condicional y tendrá que usar un dispositivo de monitoreo electrónico. O sea, ni cárcel le tocó.

En resumen: se inventó un cáncer, le sacó plata al pololo, se operó y al final, solo le tocó un castigo que en Chile no alcanzaría ni pa’ un parte por estacionarse mal.

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