Felipe Inostroza, creador de instrumentos tipo handpan, relató cómo hace más de diez años logró abrir una puerta clave en su camino. Entre Concepción y Santiago, con un proyecto artesanal en etapa inicial, encontró en su madre, Ximena Valdés, la ayuda necesaria para concretar una reunión que marcaría un punto de inflexión en su desarrollo.
Puerta abierta
Sentía vergüenza, pero avanzó igual. Sabía que como estudiante no generaría interés en una gran empresa, entonces buscó otra forma de presentarse. Su madre, con experiencia como secretaria, realizó una llamada estratégica y logró agendar el encuentro. La gestión permitió que su emprendimiento sonara más estructurado, más formal, más visible.
Proceso duro
Hasta ese momento, fabricar estos instrumentos implicaba trabajar con cilindros de gas. Había que abrirlos, limpiarlos y ventilarlos antes de cortarlos, un procedimiento complejo y riesgoso. El objetivo era encontrar una alternativa más segura y eficiente, acceder directamente a piezas en bruto que facilitaran la producción.
El viaje a Santiago incluyó nervios acumulados y una mochila como única compañía. En la entrada de la empresa dudaron. La imagen no coincidía con lo esperado, pero tras algunos llamados logró ingresar. Frente al gerente, optó por mostrar en vez de explicar. Sacó su instrumento y lo hizo sonar.
El encuentro dio resultado. Se generó un acuerdo, el proceso mejoró y la producción se volvió más segura y rápida. Con el tiempo, ese momento se transformó en una base sólida para su trabajo actual. Hoy, su historia circula en redes como testimonio de constancia, ingenio y apoyo familiar, elementos que siguen impulsando su proyecto.
