Elefantitos encuentran a mami, gracias a “humanoides” de gran corazón

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Una cría de elefante de cuatro meses logró reunirse con su mami después de haber sido robada por contrabandistas en la localidad de Assam, en India. Los delincuentes la secuestraron de su manada y, por obra divina, algo pasó que se arrepintieron y dejaron a la pobre guagua – paquidermo solita en la selva.

Un grupo de guardaparques la encontró desorientada y pudieron encontrar a los familiares gracias al apoyo de drones. Antes de entregarla, tuvieron que darle un baño de barro y estiércol para borrar el mal olor humano.

El reencuentro fue captado por los drones y dejó escenas para llorar a moco tendido de emoción.

Chequeteeeetos

Una escena similar ocurrió con otro elefantito de dos meses de edad, también en la India.

Por razones desconocidas, el bebé se separó de su familia y en su desesperación llegó a un grupo de personas para buscar ayuda, quienes entendieron el mensaje y contactaron a los rescatistas.

Los profesionales subieron a la cría a un camión para buscar su manada en los lugares conocidos de tránsito; llegaron a un claro y la dejaron confiando en el reencuentro, no sin antes ponerle barro hasta en la trompa para tapar los rastros de olores.

Así fue como la mamá, de 2,6 metros de alto, apareció entre los árboles para abrazar a su retoño.

¿Por qué se pierden?

La destrucción de sus hábitats, los asentamientos humanos y la transformación del terreno en campos de cultivo obligan a los elefantes y otros animales a cambiar sus rutas migratorias.

Estas rutas están grabadas en su ADN y pasan de una generación a otra gracias a su gran memoria.

Hoy se trabaja para mejorar las condiciones de coexistencia en los lugares donde los conflictos con los elefantes son habituales, mediante la educación, la investigación y la instalación de collares con GPS para poder registrar sus movimientos.

A los que habría que ponerles grilletes, son a los humanoides, que insisten en construir e invadir las tierras donde ancestralmente se ubican esta maravillosas criaturas, y que de tanto en tanto, los más chiquiturris pierden el rastro… ¡Ay, Señor…!

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