Fío-Fío: se quedaron sin celular y se convirtió en obra de teatro

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Dos personas esperan que les reparen sus celulares. No pueden mirar una pantalla, no pueden distraerse con una notificación y, por un rato, tampoco tienen esa salida tan fácil que ofrece el teléfono. Entonces conversan.

De ese punto de partida nace La espectadora de las obras hechas en Santiago, una de las ocho propuestas que formarán parte del Festival Fío-Fío, que entre el 23 y el 30 de septiembre llevará teatro, danza y música a cinco comunas del Biobío.

¿Qué pasa cuando se acaba la pantalla?

La situación parece sencilla, pero la conversación se mete rápidamente en asuntos bastante menos sencillos: género, fe, clase, política y representación.

La obra encaja casi demasiado bien con el lema de esta edición del festival: “Compartir el presente”. La idea es recuperar algo que parece obvio y que, sin embargo, se ha vuelto raro: estar con otras personas en el mismo lugar, mirando y escuchando lo que ocurre en ese momento.

Y ahí está la pregunta que deja dando vueltas el Fío-Fío: ¿qué pasa cuando por un rato no podemos escondernos detrás de una pantalla?

Ocho obras, cinco comunas y ninguna entrada

El festival presentará ocho propuestas seleccionadas entre 42 postulaciones. Habrá funciones en Concepción, Nacimiento, Arauco, San Pedro de la Paz y Alto Biobío, todas gratuitas.

La programación parte el 23 de septiembre en el Teatro Biobío, con El mejor truco de magia jamás visto, y continúa hasta el 30 con Plegaria, montaje dirigido por Carolina Henríquez que aborda la muerte de una niña de 11 años en un centro del Sename.

Entre ambas obras aparecen teatro, danza, música, educación ambiental y teatro callejero. Es decir, el festival no se queda encerrado en una sala ni en Concepción: también sale a encontrarse con públicos de otras comunas.

El teatro como excusa para encontrarse

El Fío-Fío nació en 2016 para impulsar la circulación de la creación escénica regional. Después de una pausa, regresó en 2025 y este año vuelve con una programación que intenta responder a un problema bastante contemporáneo: estamos más conectados que nunca, pero no necesariamente estamos más juntos.

Por eso la obra de Nacimiento resulta especialmente interesante. No porque sea una obra “sobre celulares”, sino porque usa justamente su ausencia para poner a dos personas a conversar.

Quizás ahí esté la historia: en un mundo lleno de pantallas, todavía puede ocurrir algo bastante revolucionario. Que dos desconocidos se queden sin teléfono y tengan que hablar.

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