Mientras drones y misiles cruzan los cielos de Irán y el Golfo Pérsico, pilotos y controladores aéreos mantienen operativos los vuelos comerciales en rutas desviadas y más congestionadas. La situación se registra hoy, en plena escalada del conflicto en Medio Oriente, con Egipto y Georgia como puntos clave del tránsito aéreo.
Cielos tensos
En condiciones normales, un controlador aéreo supervisa hasta seis aeronaves. En el actual escenario, la cifra puede duplicarse, obligando a una coordinación constante entre equipos para gestionar entradas y salidas en espacios reducidos.
Además, la acumulación de conflictos en regiones como Ucrania, Afganistán e Israel ha disminuido el espacio aéreo disponible. A esto se suma la suplantación de GPS, una interferencia que puede alterar la ubicación de las aeronaves durante el vuelo.
Riesgo real
Desde el inicio de las operaciones militares, más de 18 mil vuelos se han cancelados en la región. Otros han debido regresar o modificar su trayectoria por motivos de seguridad ante la presencia de misiles o drones.
Pilotos y aerolíneas adoptaron medidas como aumentar la altitud de vuelo y cargar combustible adicional para posibles desvíos. En paralelo, se implementaron programas de apoyo para las tripulaciones ante el aumento de exigencias operativas.
