La cifra corresponde a quienes trabajan en prekínder y kínder del sistema escolar. Mientras tanto, las estadísticas oficiales muestran que casi 30 mil educadores y educadoras se desempeñan en el nivel.
Si leyó bien: solo nueve hombres trabajan actualmente como educadores de párvulos en prekínder y kínder del sistema escolar chileno.
La cifra, difundida por un reportaje de 24 Horas, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no parece cambiar demasiado: la Educación Parvularia continúa siendo un espacio ocupado mayoritariamente por mujeres.
Y no se trata de una impresión o de una fotografía tomada al pasar. Las cifras oficiales del Ministerio de Educación muestran que durante 2025 se registraron 29.928 educadores y educadoras de párvulos en el sistema nacional. A ellos se suman 66.253 asistentes y técnicos.
Una profesión con presencia femenina casi absoluta

La distribución del personal permite dimensionar el tamaño del sistema. En JUNJI e Integra se contabilizaron 12.808 educadores y educadoras, mientras que en las escuelas municipales, los Servicios Locales de Educación Pública, los establecimientos particulares subvencionados y los particulares pagados se registraron otros 17.120 profesionales.
El problema es que, pese a ese número, la presencia masculina sigue siendo extraordinariamente reducida. La cifra de nueve corresponde específicamente a quienes trabajan en los niveles de prekínder y kínder del sistema escolar, por lo que no debe confundirse con el total de hombres que eventualmente se desempeñan en otros espacios de la Educación Parvularia.
La diferencia importa. No es lo mismo decir que hay nueve hombres en toda la educación inicial del país que señalar que son nueve los que trabajan en esos niveles del sistema escolar. El dato es llamativo en ambos casos, pero la precisión es necesaria.
¿Por qué tan pocos?

La explicación no parece estar en la falta de necesidad. La Educación Parvularia requiere profesionales preparados para acompañar, educar y cuidar a niños y niñas durante una etapa fundamental de su desarrollo.
Sin embargo, todavía persisten estereotipos que asocian el cuidado y la primera infancia casi exclusivamente con las mujeres. Como si cambiar pañales, contar cuentos, organizar juegos o ayudar a descubrir el mundo fueran tareas que vinieran determinadas por el género.
También influye la escasa presencia histórica de hombres en estas carreras. Cuando una profesión tiene una representación masculina mínima, cuesta que nuevos estudiantes la consideren como una alternativa posible.
Una puerta que intenta abrirse
La Universidad de Chile creó en 2014 el Programa de Equidad de Género, una vía de admisión que busca aumentar la presencia de hombres en carreras donde tradicionalmente han sido minoría.
En Educación Parvularia, la institución mantiene dos cupos especiales para hombres. Para la admisión 2027, los postulantes pueden optar hasta la quinta preferencia y deben cumplir, entre otros requisitos, con un puntaje ponderado mínimo de 600 puntos.
La iniciativa representa un avance, aunque sus números muestran que el desafío es bastante mayor que abrir un par de vacantes. Se necesita que más jóvenes conozcan la carrera, que las familias no la miren como una elección “poco masculina” y que el sistema educativo valore la diversidad de quienes enseñan.
Educar no tiene género
La presencia de hombres en Educación Parvularia no debería entenderse como una competencia contra las mujeres, que siguen sosteniendo mayoritariamente este sector. Se trata de ampliar las posibilidades.
Porque si la educación busca formar personas libres de prejuicios, quizás el primer paso sea dejar de pensar que existen profesiones reservadas para hombres y otras para mujeres.
Y, en ese sentido, nueve hombres en prekínder y kínder no son solamente una cifra pequeña: también son una señal de cuánto queda por avanzar.
