La Casa de Vidrio: Daniela Tobar revela cómo se sintió vulnerada hace 26 años

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Cuando los reality shows están de vuelta en las pantallas de televisión chilenas, vuelve el recuerdo de la famosa Casa de Vidrio, instalada en pleno centro de Santiago en enero de 2000.

La intervención consistió en una vivienda transparente, ubicada en la esquina de Moneda y Bandera, donde una actriz vivía su rutina diaria a la vista de los transeúntes.

Daniela Tobar, entonces estudiante de teatro de 20 años, realizaba allí sus actividades cotidianas, incluso bañarse, mientras cientos de personas se acercaban a observarla.

Lo que comenzó como una experiencia artística terminó desatando una polémica que puso en discusión los límites entre lo público y lo privado.

A 26 años de este episodio, y en conversación con el programa Informe Especial de TVN, la actriz, actualmente radicada en Francia, contó cómo vivió aquella experiencia y por qué considera que se sobrepasaron los límites de lo que había aceptado.

Según relató Tobar, aceptó participar en el Proyecto «Nautilus», una propuesta artística que buscaba explorar la transparencia y la exposición de la vida privada. Sin embargo, aclaró que nunca había autorizado la publicación de imágenes de su cuerpo desnudo en portadas de diarios ni su difusión en los medios de comunicación.

«Rabia, sin consentimiento y pasada a llevar»

«Me sentí pasada a llevar, sentí que mi privacidad, sentí que, aunque yo había escogido, decidido participar en un proyecto de exposición, nunca di el consentimiento para que mi imagen desnuda apareciera en las portadas ni en los medios de comunicación, matinal, en vivo y en directo», relató.

«Yo creo que por ahí pasó mi rechazo hacia los medios de comunicación. En ese momento fue rabia, fue mucha frustración. Hay un trauma ahí que se genera en mí, porque fue algo chocante, muy fuerte», señaló Daniela Tobar en la entrevista con Informe Especial.

Mira el extracto de la entrevista en Informe Especial, de TVN:

Video: Gentileza TVN

¿Cómo nació la Casa de Vidrio?

La historia comenzó a fines de los años 90, cuando los arquitectos Arturo Torres y Jorge Christie dieron forma al Proyecto Nautilus, una intervención que obtuvo financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart).

El nombre Nautilus hacía referencia al molusco marino conocido por su concha en espiral, dividida en cámaras internas, una estructura que servía como metáfora de la transparencia y la exposición.

En la memoria urbana de Santiago, Nautilus también era el nombre de un recordado night club de Providencia, famoso por una enorme pecera donde bailaban desnudas sus bailarinas.

La experiencia estaba concebida para prolongarse durante un mes, pero Daniela Tobar permaneció solo cuatro noches en la Casa de Vidrio. La masiva concurrencia de público derivó en situaciones de acoso y agresiones físicas cuando intentaba entrar o salir.

El miércoles 26 de enero de 2000, tuvo que abandonar el lugar escoltada por Fuerzas Especiales de Carabineros, debido al temor por su seguridad. Ese mismo día, alguien bloqueó con un fósforo la cerradura de la vivienda. Ante los riesgos, los organizadores acordaron que no regresara. Daniela pasó esa noche en casa de su madre y, días después, viajó a Valparaíso con su compañía teatral para alejarse del asedio de la prensa.

¿Se puede usar la imagen de una persona sin su consentimiento?

En Chile, el derecho a la propia imagen cuenta con protección jurídica. Por eso, aceptar participar en una experiencia artística no significa necesariamente autorizar cualquier uso posterior de las fotografías o videos registrados durante ella.

Los derechos sobre una fotografía y los derechos de la persona retratada son cuestiones distintas. En cada caso, las circunstancias de la captación y difusión de las imágenes son relevantes para determinar si hubo una vulneración de derechos.

El testimonio de Daniela Tobar vuelve a poner sobre la mesa esa diferencia: aceptó formar parte de una intervención artística, pero sostiene que nunca autorizó que su imagen desnuda fuera difundida por los medios de comunicación.

A 26 años de la Casa de Vidrio, su relato deja una pregunta que trasciende aquella polémica: ¿hasta dónde llega el consentimiento de una persona que acepta exponerse públicamente y dónde comienza el derecho a decidir sobre su propia imagen?

Daniela Tobar en la Casa de Vidrio, durante la intervención artística de enero de 2000

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