No le cierre la puerta al encuestador del INE, para que el organismo mida cómo va Chilito. (Ilustración IA de ejemplo).

¿Le tocaron la puerta? El INE está preguntando en qué se gastan las lucas

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Si una persona del INE llegó a su casa preguntando por sus gastos, no es una encuesta cualquiera: forma parte de un operativo que ayudará a definir qué productos y servicios pesan más en el bolsillo de los hogares chilenos.

Desde septiembre y hasta agosto de 2027, el Instituto Nacional de Estadísticas está realizando la 10ª Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), que visitará cerca de 22.660 hogares urbanos de las capitales regionales y sus zonas conurbadas.

¿Y qué quieren saber?

La idea es conocer cómo se distribuye el presupuesto familiar: cuánto se va en alimentación, vivienda, transporte, salud, educación, entretención y otros gastos. A los hogares seleccionados se les pide colaborar durante una quincena y registrar ingresos y gastos. El personal del INE puede realizar hasta cuatro visitas, de unos 30 minutos cada una.

Hay un dato importante: la vivienda no se elige porque alguien quiera fiscalizarla. La selección es aleatoria y responde a criterios estadísticos. Por eso, si le tocó, su información ayuda a representar a otros hogares parecidos.

¿Y qué pasa con los datos?

El INE señala que la información entregada está protegida por el secreto estadístico. Además, la identidad del encuestador se puede comprobar ingresando su RUT en el verificador oficial del organismo o escaneando el código QR de su credencial.

¿Para qué sirve todo este trámite? Los resultados de la encuesta se utilizan para actualizar la canasta de bienes y servicios del IPC y la Canasta Básica Alimentaria. En simple: lo que hoy cuentan miles de familias ayudará a determinar cómo se mide, estadísticamente, en qué gastamos los chilenos.

Y por eso la encuesta tiene algo más que una curiosidad estadística: cada cinco años, el INE vuelve a preguntar cómo vivimos y en qué se nos van las lucas. Esta vez son unos 22.660 hogares los que tendrán que abrir sus cuentas —con bastante confianza, pero también con derecho a verificar quién está tocando la puerta—.

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