Firulais radioactivos de Chernóbil ya no son simples perros

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En 1986 fue la explosión del reactor N°4 de la Central Nuclear de Chernóbil que obligó a miles de personas a dejar toda su vida atrás rápidamente, incluidas sus mascotas.

Los perros no tuvieron más opción y algunos lograron sobrevivir. No se sabe la cantidad exacta de los que quedaron inicialmente abandonados. El último censo de perros fue el 2017 y contó 750 ejemplares en la Zona de Exclusión.

Chernóbil aún es considerada una zona de peligro por radiación nuclear; aun así, hay personas que trabajan como guardias y son ellos los que de alguna forma han adoptado a los descendientes de los originales.

Ya no son perros comunes

Tras años de aislamiento y peligros, bajo circunstancias totalmente especiales, estudios demuestran que el ADN de los canitos tiene más de 390 cambios genéticos que los habilitan para reparar su propio genoma y resistir el cáncer.

Pese a la radiación extrema en la que han vivido, apenas desarrollan cáncer. Científicos creen que podrían revelar claves para tratar la enfermedad y sobrevivir en entornos extremos, incluso en el espacio.

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