Desde la semana de 23 de febrero, la Municipalidad de Ñuñoa junto a la Cámara de Comercio de Barrio Italia activó el plan Cero Colillas, una ofensiva que combina educación y multas que pueden llegar a $347 mil. El alcalde Sebastián Sichel encabezó el puntapié inicial afuera del Metro Chile España, marcando un antes y un después en la forma de entender el espacio público.
Golpe cultural
Primero viene la marcha blanca, partes de cortesía y conversación directa en la calle. Después, si no hay cambio, el golpe al bolsillo. La ordenanza actualizada por el Concejo Municipal de Ñuñoa fija sanciones de hasta 5 UTM, y la reincidencia puede alcanzar los $347 mil.
La inciativa incluye también la entrega de ceniceros portátiles, idea traída desde Copenhague, para fomentar la cultura de la limpieza y así cambiarle los hábitos loa “fumones” cohcinones de Chile.
La apuesta no es solo castigar, es cambiar el chip cultural. Inspectores dialogan, explican y advierten, mientras vecinos asimilan que esa colilla mínima no era tan mínima. Suma, ensucia, normaliza la desidia.
La norma no se queda en el cigarrillo, también sanciona chicles, heces de mascotas y otras incivilidades. Ñuñoa se alinea con ciudades como Singapur, Francia, Reino Unido, Australia y Corea del Sur, donde ensuciar sale caro.
Con esta iniciativa, la acción concreta. Si fumas, usa el cenicero. Si ensucias, asume el costo. La ciudad se construye con gestos mínimos que, aunque parezcan invisibles, terminan definiendo quiénes somos. Y todo puede partir por algo tan pequeño como no soltar una colilla al suelo.
