Estados Unidos ejecutó en la madrugada del 3 de eneeo una operación militar a gran escala en Venezuela, que incluyó ataques aéreos sobre Caracas y otras zonas, con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Un plan brillante
Trump calificó el operativo como “brillante” y aseguró que ambos fueron capturados y trasladados fuera de Venezuela, aunque el régimen chavista desconoce su paradero y exige pruebas de vida, denunciando una grave agresión contra la soberanía nacional.
La operación militar implicó un gran despliegue de helicópteros “Chinook” y otros activos de las fuerzas especiales para capturar a Maduro, que habría sido sacado del país en una de estas aeronaves, según fuentes que hablaron con FOX.
La Casa Blanca barajó lanzar los ataques aéreos contra Venezuela el mismo día de Navidad, apuntando a objetivos estratégicos del régimen, incluidos blancos militares.
Sin embargo, el plan quedó en pausa cuando Washington decidió priorizar bombardeos en Nigeria contra presuntos campamentos del Estado Islámico, según revelaron dos fuentes del Ejecutivo a CBS.
Un golpe clave
Tras esa ofensiva en África, el equipo de Donald Trump volvió a poner a Caracas en la mira y evaluó nuevas ventanas para golpear al gobierno de Nicolás Maduro. Pero otra vez apareció el freno, las condiciones climáticas no acompañaban y el riesgo operacional era demasiado alto.
Desde el ámbito militar fueron claros. El Pentágono optó por esperar el escenario meteorológico ideal, convencido de que el éxito de la operación dependía tanto del poder aéreo como del cielo despejado. En esta jugada, la paciencia también fue parte del arsenal.
