No es inusual que se suban “bichos raros” a los vehículos de aplicación, más aún en la noche, donde abundan pedidos de extraña naturaleza , tal como le pasó a un conductor que, tras dejar unos pasajeros, recibió un inesperado pasajero, en la comuna de Macul.
Se trataba nada menos que de un perro, de mediano tamaño y raza indefinida que, al parecer, tenía un trámite urgente con alguna perrita nocturna o bien iba atrasado a la pega (de guardia, obviamente), y que sin pedir ni permiso, se “sentó” en el asiento del copiloto.
Un poeta
El chofer, todo un poeta, se sentía como en una escena poética de Vicente Huidobro: “Estamos viviendo en la poesía misma… Solamente a un Huidobro le podía pasar esto…”, afirmó el hombre, con una tentación de risa, al ver al cachilupi bien sentado, tranquilo y sin atisbo de inquietud.
Mientras el móvil avanzaba, el hombrón, que se tomó muy bien el abordaje del “lomito”, explica que el perrito pidió el Uber y, al momento de intentar indicarle que la “audiencia le pregunta algo”, lo mira, con su cara ambale y con la lengua afuera, gira la cabeza, y de un salto sale del vehículo, en medio de la sorpresa del chofer.
“Es increíble, el cachilupi ha decidido tomar su propio rumbo -afirma-, haciendo que esto sea más poético” , para luego desearle pura buena onda en su camino al improvisado pasajero, y terminar su registro en video, tras la intempestiva y sorpresiva visita del can…
