El lunes el gobierno de José Antonio Kast confirmó que el precio de la bencina y el diésel sube fuerte desde este jueves 26 de marzo, con alzas que oscilarán entre $370 la de 93 octanos en tanto que el diesel saltará $580, en medio de una crisis internacional marcada por el conflicto en Irán, medida que fue calificada transversalmente como “un golpe directo al bolsillo”.
Impacto directo
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, explicó que el fenómeno cuesta caro, cerca de 140 millones de dólares por semana, en el contexto de una billetera fiscal deteriorada. Explicó que por lo anterior, el Estado no alcanza para todo, y el combustible dejó de ser prioridad protegida.
Para amortiguar el golpe, el Ejecutivo anunció que el transporte público RED mantendrá tarifas congeladas hasta diciembre, un respiro que se agradece. Además, se alista una subvención de $100 mil mensuales para taxistas por seis meses, junto a créditos blandos que empujan la electromovilidad. Entre lo urgente y lo estratégico, el plan intenta equilibrar la cancha.
Ajustes inevitables
Según el Ejecutivo, los ajustes son inevitables, dado el escenario mundial y excepcional como el conflicto de Medio Oriente y la situación de caja con la que se enfrenta el país, ante lo cual, además, el secretario de Estado anunció el congelamiento del precio de la parafina combustible que impacta directamente en los más necesitados.
Quiroz, informó que el precio de la parafina bajará a mil pesos aproximadamente y que la medida se mantendrá hasta septiembre, lo que fue bien recibido por los usuarios de este combustible, más aún con la llegada de las temperaturas más bajas.
¿Hasta cuándo aguanta el bolsillo? es una pregunta válida, y mientras tanto toca ajustar hábitos, planificar trayectos y mirar alternativas. Porque sí, la crisis es global, pero el impacto se vive en la micro, en el auto y en cada peso que se gasta.
