Presidente electo Kast habló casi una hora en acto de celebración y llamó a la unidad

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Por casi una hora (le faltaron 7 minutos), José Antonio Kast finalmente les habló a sus partidarios que desde las 19 horas comenzaron a llegar hasta la calle Presidente Errázuriz, para celebrar la victoria ante la candidata Janet Jara.

En su discurso, llamó a la unidad de todos los chilenos y dijo que en la tarea que viene por delante para Chile, deben estar todos los chilenos, incluida la futura oposición, porque la tarea es ardua y difícil, para su “gobierno de emergencia”, como lo definió el mismo Presidente electo.

La noche del triunfo

La noche en Santiago tuvo sabor a plebiscito resuelto cuando José Antonio Kast apareció ante sus adherentes, ya consagrado por las urnas como presidente electo de Chile. En el escenario, sin vidrios blindados -ojo-, y con la gente agitando banderas chilenas en su gran mayoría, el grito repetido era “sin miedo”.

El republicano abrió con una mezcla de alivio y solemnidad: agradeció a Dios, a su familia ya los millones que le dieron un mandato “contundente”. Insistió en que no era un triunfo personal, sino de “Chile y de la esperanza de vivir sin miedo”. En primera fila, sus cercanos lo escuchaban con satisfacción.​

Pronto el tono se volvió programático: Kast prometió “restablecer el respeto a la ley” en todas las regiones, sin privilegios ni excepciones. Apuntó al desorden ya la sensación de impunidad que dejó el estallido social, ubicando allí el origen del malestar que lo llevó a La Moneda. La palabra “orden” se volvió mantra, ligada a calles, cárceles y fronteras que, afirmó, dejarán de ser tierra de nadie.​

Orden, migración y seguridad

La seguridad y la migración se presentaron como el binomio ineludible de su nuevo ciclo político. “El que no cumple la ley se tiene que ir”, lanzó, arrancando aplausos largos y silbidos contra el crimen organizado. Prometió gobernar “para todos”, pero con una firmeza que no cederá ante delincuentes ni redes de narcotráfico​.

En un gesto para desactivar la polarización, Kast pidió respeto explícito por Jeannette Jara y rechazó cualquier agresión por pensar distinto. Habló de una “cultura de trabajo conjunto” y ofreció diálogo al Congreso, médicos, profesores y vecinos para enfrentar salud, educación y pensiones. El tono buscó ampliar el campo propio, sin abandonar la idea de un mandato claro para girar el timón del país.​

También bajó las expectativas: advirtió que 2026 será un año duro, sin milagros ni cambios automáticos al día siguiente. Anunció un paquete de medidas iniciales en seguridad, migración y reforma judicial, pensado como shock de arranque.

La promesa fue mostrar resultados visibles en la calle, más que grandes conceptos en el papel.​

Un cierre con cruz y bandera

El cierre tuvo un aire litúrgico: Kast apeló a los “valores republicanos”, a la paz como condición de la democracia ya un Chile “libre” cuando el orden se imponga sobre el miedo. Volvió a agradecer a Dios la victoria y pidió unidad para atravesar los tiempos difíciles que, advirtió, vendrán antes de cualquier bonanza.

Mientras sonaba la música de celebración y se agitaban las banderas, el Presidente electo dejaba trazado el marco de su mandato: sacrificio, carácter y una ley que vuelva a ser frontera nítida entre esperanza y abismo.

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