En pleno 2026, bajo control del régimen talibán, Afganistán aprobó un nuevo Código Penal que legaliza la violencia doméstica. La norma autoriza a los maridos a golpear a sus esposas siempre que no existan fracturas ni lesiones visibles, institucionalizando la subordinación femenina y normalizando la brutalidad desde el propio Estado.
Letra chica
El texto legal establece que los castigos físicos dentro del hogar son válidos mientras no dejen marcas evidentes. Si existen heridas comprobables, la sanción alcanza apenas 15 días de prisión. En la práctica, el dolor que no se ve no cuenta, y la casa deja de ser un espacio privado para convertirse en una zona sin derechos.
La reforma no se queda ahí. Las mujeres no pueden abandonar el hogar sin autorización masculina y, si lo hacen, arriesgan penas de cárcel. La ley además ordena la sociedad en clases jerárquicas, influyendo directamente en cómo se juzgan los delitos. La desigualdad deja de ser cultural y pasa a ser normativa.
Orden social
Mientras en Occidente el debate avanza hacia la igualdad de género y la ampliación de derechos, en Afganistán se consolida lo contrario. La violencia se regula, se mide y se tolera como parte del orden social. No se trata de un retroceso para ese sistema, sino de una decisión política coherente con su marco ideológico.

