Tokio estaba listo para celebrar al hombre más viejo del mundo: Sogen Kato, 111 años, nacido en 1899. Todo Japón hablaba del abuelito que había visto tres siglos y el gobierno quería premiarlo.
Pero cuando fueron a saludarlo, su familia se puso más nerviosa que galán piropero en marcha feminista. “No quiere ver a nadie”, dijo la nieta, temblándole la mano con la taza de té. Algo olía mal… y no era el sushi.
El hallazgo más brígido
Los funcionarios volvieron con la policía y lo que encontraron fue peor que un capítulo de Mea Culpa: Sogen llevaba 30 años muerto, momificado en su cama.
Su familia había vivido todo ese tiempo con el cadáver y nadie en el barrio cachó nada. ¡Imagínate hacer las tareas o cenar con un muerto en la pieza del lado! Terror japonés en la vida real.
¿Mística budista?
La nieta juró que el abuelo se había encerrado a meditar para convertirse en un “buda viviente”, pero la policía no se tragó el cuento. Lo más probable era que seguían cobrando su pensión.
Durante 30 años, la familia estafó al gobierno japonés con el equivalente a 109.000 dólares. Pero el fraude se cayó cuando quisieron hacer famoso al abuelo.
La justicia actuó
La hija y la nieta de Sogen fueron detenidas y condenadas por fraude. La jueza las calificó de “despiadadas”, pero al menos devolvieron la plata.
¿Qué habrá pensado Sogen en sus últimos días? ¿Se arrepintió de su retiro espiritual? Lo único seguro es que, por querer cobrar la pensión, la familia terminó con una historia de terror digna de teleserie de Carlos Pinto.
