A las 5 de la mañana, cuando en Bajos de Mena recién empieza el movimiento, Ely Osorio ya iba en camino. Tiene 64 años, corre con artrosis en ambas rodillas y este domingo enfrentó los 42K de Santiago. A las 7:40 partió frente a La Moneda. Su objetivo era uno, terminar.
Última en ruta
Cruzó la meta 7 horas, 18 minutos y 34 segundos después, cuando el montaje ya se retiraba. No quedaban cámaras ni señalética. Fue la última en llegar, tras una jornada marcada por pausas, desvíos y un ritmo que fue cambiando con el paso de los kilómetros.
Durante la carrera se inyectó medicamentos para manejar el dolor, se desorientó en parte del recorrido y el agua se le acabó en el tramo final. Desde el kilómetro 24 alternó trote y caminata, siguiendo indicaciones médicas. Aun así, se mantuvo en competencia hasta el cierre.
En los últimos metros, a la altura de La Moneda, personas que estaban en terrazas cercanas advirtieron su llegada y se pusieron de pie. Hubo aplausos, llamados por su nombre y una escena que se armó sin organización previa, en medio de una Alameda ya despejada.
Cierre simple
Tras cruzar, Ely resumió la jornada sin vueltas: “Fue maravilloso”. Desde Bajos de Mena, donde entrena y trabaja como asesora del hogar, sostiene una rutina que combina esfuerzo personal, ahorro y constancia para seguir compitiendo.
Ely logró cumplir su sueño: “Para que sepan. Soy de Bajos de Mena, y no somos delincuentes. Nos estigmatizan”, dijo. Y se demoró, pero llegó. Y es lo que a ella le importaba.

