En Puerto Varas, bajo lluvia y frío, un perro sin hogar empezó a aparecer frente a una casa. Adentro estaba Murci, una perrita en silla de ruedas. El registro lo subió Eulices Hernández, se viralizó rápido, y la escena, repetida varios días, instaló la pregunta, ¿qué buscaba ese perro ahí?
No era tránsito ni curiosidad. El perro llegaba directo a la reja, se acercaba a Murci, hocico con hocico, y se iba. Sin ruido, sin desorden. La misma secuencia, a la misma hora, como si hubiera algo pendiente.
Noche clave
Una jornada de lluvia marcó el quiebre. El perro seguía afuera, empapado, sin moverse. Esta vez no se fue. La puerta se abrió y entró. Desde ahí, dejó de ser visita y pasó a llamarse Balto.
El paso por la veterinaria sumó un dato concreto. Tenía chip, señal de un pasado con dueña, pero sin registros activos para ubicarla. No hubo más antecedentes.
El video siguió circulando y activó ayuda. Hubo apoyo para su traslado hasta Santiago, donde hoy vive con la pareja. Balto ya no vuelve a la reja, ahora se queda dentro.
