La postal es extraña. Hoteles semi vacíos, vuelos cancelados y calles más silenciosas. Eso es lo que hoy vive Cuba, donde el turismo, uno de los motores más importantes de su economía, se está desplomando.
La caída de turistas a la isla ocurre en medio de apagones, escasez de combustible y presión internacional, una tormenta perfecta que golpea al país justo cuando más necesita ingresos para mover su economía.
Golpe directo
Tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero, Cuba perdió a su mayor proveedor de petróleo. Asimismo, Estados Unidos anunció aranceles a los países que envíen combustible a la isla, lo que desató una cadena de efectos inmediatos. Menos petróleo afecta al transporte, menos electricidad y menos turismo.
Luces apagadas
La crisis energética ya se siente a diario. Según datos de la red estatal Unión Eléctrica, hasta el 64 % del país podría quedarse sin luz en las horas de mayor consumo. En ese escenario, hoteles, restaurantes y servicios turísticos funcionan a medias. Y esto desemboca en que los viajeros lo piensan dos veces antes de reservar un pasaje.
El impacto ya es visible. Canadá, principal mercado turístico de Cuba, suspendió vuelos y comenzó a repatriar cerca de 3.000 turistas, mientras la aerolínea Air Canada canceló operaciones hacia la isla hasta mayo. En 2024, más de 860 mil canadienses visitaron Cuba, una cifra clave que hoy queda en pausa.
La pregunta es inevitable: ¿Puede sobrevivir la economía cubana sin turismo? Con apagones, gasolina escasa y menos vuelos, la isla enfrenta una realidad dura. Y mientras tanto, La Habana, esa ciudad que siempre vibra, empieza a sentirse silenciosa.
