Representación editorial de Gloria Montenegro en su laboratorio.
Representación editorial de Gloria Montenegro en su laboratorio. Crédito: Imagen generada con IA por La Cibernews. No corresponde a una fotografía documental.

Gloria Montenegro: ¿Qué vio esta científica donde todos vemos miel?

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Gloria Montenegro lleva más de cinco décadas mirando algo que para muchos pasa inadvertido: las plantas que crecen en Chile, las flores que alimentan a las abejas y todo lo que puede esconder una especie vegetal cuando la ciencia se toma el tiempo de estudiarla.

Este mes recibió el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2026. Es la primera mujer en obtener este reconocimiento y su elección fue unánime.

Pero quizás lo más interesante de su historia no está en el premio, sino en lo que hizo durante décadas para llegar hasta él.

De las plantas a la miel

Montenegro, profesora emérita de la Pontificia Universidad Católica, ha dedicado su carrera al estudio de la biodiversidad chilena, la flora nativa, la apicultura y la bioprospección.

Uno de sus trabajos más conocidos llevó esa investigación desde el laboratorio hacia algo tan cotidiano como la miel. Desarrolló el sello Active Patagonia Factor (APF), una certificación destinada a medir la actividad antibacteriana de mieles de origen nativo.

Ahí aparece una de las claves de su trayectoria: no quedarse solamente con descubrir cómo funciona la naturaleza, sino buscar qué puede hacer ese conocimiento cuando sale del laboratorio.

Más de medio siglo mirando la biodiversidad

La historia comenzó mucho antes del premio. Según la Universidad Católica, Montenegro ha desarrollado más de cinco décadas de investigación y formación de nuevas generaciones.

El Ministerio de Educación destacó precisamente esa combinación entre botánica aplicada, biodiversidad, productos apícolas, bioprospección e innovación.

Y hay otro dato que hace que este premio tenga un significado especial: cuando comenzó su carrera en 1964, Montenegro era la única mujer del Departamento de Ecología de la UC, en un ambiente científico todavía muy lejos de ser paritario.

“Abro el camino”

Después de conocer el reconocimiento, la científica no habló solamente de su trayectoria. También puso el foco en quienes vienen detrás.

“Abro el camino para que más mujeres lo ganen”, dijo Montenegro, planteando que si el premio sirve para ayudar a que otras científicas lleguen a ocupar ese lugar, estará feliz por ello. Quizás esa sea una manera sencilla de entender por qué esta historia merece ser contada más allá del premio.

Gloria Montenegro pasó décadas estudiando la naturaleza chilena. El premio llegó ahora, pero la historia empezó mucho antes: cuando todavía había que convencer a muchos de que mirar una planta, una abeja o una miel podía convertirse también en una forma de hacer ciencia aplicada.

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