“La Bestia” Álvarez y el difícil camino del boxeador en Chile

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En un deporte lleno de luces y sombras, soslayado durante décadas, llegar al profesionalismo y poder vivir de esta práctica parece, hoy por hoy, casi un sueño.

La historia de Ignacio “La Bestia” Álvarez es un ejemplo del agreste camino que deben recorrer quienes practican uno de los deportes más antiguos del mundo y aspiran a convertirse en profesionales.

Nacho tiene 29 años. Es oriundo de Antofagasta, aunque reside en Coquimbo desde hace 20 años. En 2019 decidió dedicarse por completo al boxeo. Tuvo que pasar cinco años en el amateurismo antes de dar el salto al profesionalismo. En esa ruta se convirtió en vicecampeón nacional en 2023 y campeón de Chile en 2024.

“El boxeo llegó a mí en un momento muy oscuro de mi vida. Estaba pasando por malos momentos, de consumo de alcohol y drogas, y este deporte fue lo que me sacó de eso”, confiesa “La Bestia” Álvarez.

Nacho también nos cuenta las barreras que debe enfrentar un boxeador en nuestro país.

“Las barreras… yo creo que son, además de las oportunidades de combate, que cuestan un dineral, el mismo dinero que hay que invertir como deportista. Siendo actualmente el único boxeador profesional de la Región de Coquimbo, aún me cuesta una enormidad. Creo que todos los peleadores profesionales están obligados a tener trabajos aparte”, asegura.

El sueño de ser profesional

Nacho “La Bestia” Álvarez

Hablando a calzón quitado… ¿cuán difícil es pasar del amateurismo al profesionalismo en Chile? ¿Se puede, realmente?

“Se puede, pero hay que tener una carrera material premium y cumplir ciertos requisitos para pasar directamente a ser profesional. cantidad de RAM que uno vaya a comenzar, requisitos de experiencia y participación en competencias nacionales o internacionales.

“En fin, está la cantidad de rounds que tiene una pelea, a diferencia del amateurismo, donde son solo tres. En el boxeo profesional uno va escalando: hay peleas de diez rounds por títulos y de doce por títulos mundiales. Por eso se necesita, por lo menos, una carrera amateur previa, con un mínimo de combates de experiencia para poder ser profesional.

“Además, y sobre todo, hay que tener dinero para sacar adelante las peleas profesionales, porque esto es un negocio. Aquí hay que invertir en muchas cosas; ni se imaginan cuánto”, sostiene Álvarez.

El desafío de vivir del boxeo

Llegar al profesionalismo es un paso importante, pero mantenerse en el boxeo también exige recursos y sacrificios fuera del ring.

En una entrevista publicada por Mirada Sur TV, el boxeador profesional Claudio “Azteca” Laviñanza, de Osorno, describió las dificultades económicas de la actividad y explicó que debe compatibilizar los entrenamientos con su trabajo.

Una realidad similar fue relatada por otros deportistas y entrenadores entrevistados por medios especializados, que mencionan la necesidad de contar con ingresos adicionales y apoyo para financiar las carreras.

¿Se puede vivir de esto? Para el final dejamos la interrogante más dura y cruda que deben enfrentar muchos deportistas en nuestro país, donde todavía existen importantes desafíos en materia de gestión y políticas deportivas.

¿Se puede vivir del boxeo en Chile?

“Sí, se puede, pero la exigencia es grande. Hay que sacrificar tiempo con la familia y los amigos, y cuidar la alimentación. A veces no se puede siquiera invertir en un equipo de profesionales que cuiden de uno. Eso y muchas otras cosas”, nos cuenta Ignacio, con resignación, pero también con entereza.

Así conocimos la historia de Ignacio Álvarez Urbina, quien, como otros deportistas nacionales, ha tenido que combatir no solo en el ring, sino también contra la adversidad y las barreras económicas, de gestión y de apoyo que tantas veces terminan convirtiéndose en un pantano para el deporte chileno.

Despedimos a “La Bestia” Álvarez deseándole todo el éxito en su próximo combate. El 31 de octubre viajará a Temuco para pelear. Después deberá seguir enfrentando ese combate más largo y difícil: el de conseguir su sueño de convertirse en un grande del boxeo.

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