Pareja de chilenos bate récord Guinness al navegar en la laguna más alta del mundo

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Carlos Cardemil era un andinista solitario. Laura Torres era una navegante en stand-up paddle en el mar. Así se conocieron un día, hace seis años, en playa Cavancha de Iquique, de la que dicen es la playa más linda de Chilito.

Y gracias al amor que comenzó entre ascensos a cumbres y puestas de sol en la playa, nunca más se separaron.

El mito

Carlos había escuchado de una laguna en la cumbre del volcán Ojos del Salado, el más alto del mundo, con un poco más de 6.800 metros sobre el nivel del mar (msnm), que se ubica en la región de Atacama, en la frontera con Argentina.

Pero la laguna era un mito del andinismo. Nadie sabía exactamente dónde estaba, no había fotos ni registro alguno.

Alguien le dijo que la existencia de la laguna dependía de las lluvias, que había años en que aparecía, como un espejismo; y también le dijeron que a veces estaba congelada y perdía la calidad de laguna.

Fue entonces cuando a mediados de 2025, Carlos y Laura decidieron prepararse para ir a buscar la famosa laguna escondida.

El equipo

Carlos es odontólogo y Laura diseñadora, quien además está estudiando Leyes. Entre los trabajos y el estudio empezaron a entrenar más duro junto a sus compañeros del club de andinismo “Esmeralda” de Iquique.

Subieron el volcán Isluga, llegaron a la laguna Casiri hembra en la frontera con Bolivia, remaban kilómetros en el mar y a la vez se comunicaron con la empresa Guinness para averiguar de los récords.

El requisito era estar al menos 10 minutos en la laguna, registrar la altura, grabar la hazaña completa y llevar al menos tres testigos. No se diga más, hay que hacerlo, dijeron al unísono.

El récord Guinness existente era de 5.902 metros.

La odisea

Llegaron hasta el campamento base del volcán Ojos del Salado el 1 de enero de 2026, a 5.200 msnm con todo el equipamiento y la compañía necesaria para poder aclimatarse.

Comenzaron los ascensos para ver si la laguna existía. Carlos fue por rutas que solo existían en su mente en compañía de dos andinistas más. A mitad de camino los amigos no pudieron seguir y Carlos avanzó solo.

Mientras, Laura preparaba al resto del equipo para poder cargar la tabla, el inflador, los remos y todos los implementos necesarios para batir el récord, con toda la fe de que la laguna estaba ahí esperándolos.

Carlos avanzó como en sus inicios, como un andinista solitario, confiando en su experiencia y en su instinto. La radio que lo conectaba con el campamento base ya había pasado su límite en distancia. La temperatura bajaba y quedaba solo un par de horas de luz.

La ruta que Carlos estaba creando, porque no existía, era por la cara oriente del volcán y en un momento divisó una pequeñísima cascada y ese fue su salto de fe, ahí estaba el agua. Siguió el hilito hasta que dio con su laguna. Ahí estaba en todo su esplendor, existía, era grande y los estaba esperando.

Esa alegría le dio el empuje para emprender el camino de vuelta al campamento y compartir la gran noticia, así como preparar todo para cumplir su misión.

El cielo es el límite

Al día siguiente partieron con todo y lograron llegar a los 6.370 metros de altura, superando con creces el récord vigente hasta ese momento. La temperatura era de -15° C por lo que pudieron estar los diez minutos reglamentarios y ni uno más, ya que el riesgo de una caída a esa altura y con esa temperatura solo significaba la muerte.

Carlos y Laura demostraron que no hay nada que supere la determinación. Ellos llegaron sin auspiciadores ni porteadores, pero sí con amigos que valen oro y hoy están reuniendo todas las pruebas para Guinness y quedar definitivamente registrados en la historia como la pareja que logró navegar en la laguna más alta del mundo.

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