En Seúl, Corea del Sur, una mujer de 21 años, quedó en prisión preventiva y fue enviada a la Fiscalía acusada de asesinato. ¿El dato clave? Su propio historial en ChatGPT, donde habría consultado cómo actúan las benzodiazepinas mezcladas con alcohol antes de los hechos ocurridos el 28 de enero y el 9 de febrero en moteles de Gangbuk.
Pista digital
Los ratis coreanos revisaron su teléfono y encontraron preguntas directas: “¿Qué pasa si se toman pastillas para dormir con alcohol?”, “¿Puede causar la muerte?”. La herramienta respondió con advertencias, y aun así, según la investigación, la mujer siguió Y además, habría ajustado la dosis tras el primer caso.
El 28 de enero, a las 21:24, la presunte asesina, de apellido Kim, ingresó con un joven a un motel en Suyu-dong. Horas después, salió sola. Al día siguiente, el hombre fue hallado muerto sobre la cama. Dos semanas más tarde, el mismo patrón, distinto motel, mismo desenlace. Para la policía, no fue coincidencia, fue conducta repetida.
Cambio de carátula
Inicialmente, la causa apuntaba a muerte por lesiones. Sin embargo, tras el análisis forense del celular y el cruce de horarios con las búsquedas en ChatGPT, la fiscalía recalificó el caso como homicidio con premeditación.
La sospechosa admitió haber mezclado la medicación psiquiátrica en bebidas para la resaca, aunque negó intención de matar.
Aquí no hubo arma humeante, hubo historial en la nube. Y en tiempos donde todo deja rastro, la investigación no solo miró cámaras y testigos, también leyó algoritmos. La tecnología puede revelar lo que alguien pensó antes de cometerlos. Y eso, en esta historia, pesó más que cualquier coartada.
La información fue publicada por The Korea Herald y confirmada por la policía local.
